3.27.2018
10.02.2017
Gato y yo
Gato y yo fuimos hermanos en el pasado,
Y más que hermanos
Fuimos como la imagen tras la ventana
la fotografía que nos devuelve
Algo que parece ser, o que tal vez fue en algún momento
En otra parte.
Gato solía acompañarme en mi cabeza,
Detrás de los ojos,
En mis recorridos artesanales
Por fingidas calles parisinas
Que no eran en Paris
Y ni siquiera en Europa
Pero igual nos deleitaba ese mareo incierto
La incertidumbre, diré mejor
De brincar elegantemente como si tuvieras sombrero
aunque solo de pelambre gris se tratase.
Ya se fue ese tiempo.
Cerré la puerta de mi casa y me quedé del lado de adentro.
Ahora, aunque nada de eso exista, nadie podrá decirme que no hubo gato o que no estuvimos rondándonos
En otro lugar, hace muchísimo tiempo.
Mabón, fiesta pagana del otoño 21 de septiembre
Haré un recuento de todas las fiestas paganas de la tradición celta. Estas son ocho, según las estaciones del año y los movimientos de la tierra que llevan a que vivamos diferentes climas y experiencias a lo largo de la rueda del año. Como se ve en este blog, ya he hablado de Yule, la fiesta invernal. Aquí me referiré a Mabon, que es la fiesta del comienzo del otoño, con su simbolismo de despedida y renacimiento pronto.
Mabon es la festividad pagana del equinoccio de
otoño. Es la segunda fiesta de las cosechas. Se celebra en la víspera del 22 de
septiembre en el hemisferio norte y del 22 marzo en el hemisferio sur. Esta
festividad se llama así por el dios galo que encarna el principio de
fertilización. En lenguaje druida Mea’n
Fo’mhair significa la segunda cosecha y en esta oportunidad se
honraba al Dios del Bosque en la figura de un hombre-árbol, al que se ofrecían
libaciones de sidra y vino, precisamente a través de los árboles.
Este es el momento en que el día y la noche tienen la
misma duración. Astrológicamente, el Sol se encuentra ingresando al signo de
Libra.
Otros nombres de esta fiesta pagana son Cosecha del Vino
y Festival de Avalon.
El símbolo del Mabon es el cuerno de la abundancia o
cornucopia.
Esta es una festividad de reconocimiento y adhesión a la
pareja compuesta por el Dios y la Diosa
(la semilla y la tierra), dando gracias por las bendiciones que nos han
otorgado, de cara a los esfuerzos del pasado y reconociendo los frutos
cosechados.
Es una fiesta de alegría, de celebración de la abundancia
y la generosidad de la Tierra. Como segunda cosecha, completa la recolección
del grano que comenzó en Lughnasadh (primero de agosto, o las bodas de Lug,
dios de la mitología celta). La diferencia es que ahora se trata de un momento
de equilibrio: las fuerzas de la oscuridad y de la luz se encuentran
equidistantes. Es el equinoccio y a partir de ese momento la oscuridad irá
ganando terreno hasta llegar su punto de cenit en Yule (solsticio de invierno).
En qué
consiste la tradición agrícola del dios de la fertilidad?
Consideremos que el dios de la fertilidad, el joven que tenía su máxima potencia
durante Lughnasadh, ha comenzado a dar muestras de debilidad y cansancio,
está envejeciendo y pronto morirá cuando llegue el Samhain, el 1° de
noviembre. Es el ciclo de la vida. No estamos tristes por esta muerte
porque sabemos que es parte del ciclo vital y que este Dios fértil otra vez
renacerá al cumplirse otra vuelta de la rueda de la fortuna.
Mabon es el momento de prepararse para la despedida
y de reflexionar sobre el ciclo de la vida (nacimiento, desarrollo, madurez
–reproducción- y muerte). La cultura precristiana nos indica que el tiempo no
tiene principio ni fin, sino que se engendra a sí mismo en una infinita serie
de ciclos.
El mensaje de la fiesta de Mabon es la
aceptación de cada parte del ciclo, como pieza necesaria e ineludible para un
recomienzo infinito. Este es el fin de algo, pero es también el comienzo de lo
mismo.
Actividades tradicionales de esta época son la vendimia,
cosechar y pisar la uva para obtener el vino que guardaremos en recipientes a
la sombra para la degustación y el placer sagrado que nos ha sido permitido. Recolectar hierbas y confeccionar coronas de
hiedra y avellano para el dios anciano. En algunos pueblos la festividad incluye
la confección de muñecos cubiertos con mazorcas de maíz que representan la
fertilidad de la diosa, su cobijo y su generosidad.
Es frecuente también el uso de adornos en forma de
Cornucopias (cuerno de la abundancia) como símbolo de la abundancia de las
cosechas. Los colores de esta fiesta son los hermosos colores del otoño, rojos, anaranjados, dorados, marrones y
violetas, que permiten sintonizar con las energías de este día. Los nombres de
las deidades veneradas: Mabon y su madre Modron, Thor, Hermes,
Deméter, Perséfone, Hades, Baco… Además de todas las figuras de la Diosa Madre,
que en este momento tomará forma de una anciana.
El 22 de septiembre, Equinoccio de Otoño, indica el
comienzo de un tiempo de serenidad. El joven verano va perdiendo su fuerza muy
rápidamente, y las hojas de los árboles se ven doradas. Con estas señales la
Naturaleza abre la tregua del reposo y la relajación, del descanso, antes de
que comiencen los duros meses de invierno.
Cómo
encontramos a Mabon en la mitología griega
En algunos pueblos la madre tierra recibe el nombre de
Modron, y esta fiesta lleva su nombre. El mito consiste en que Mabon, hijo
de Modron, nace la noche del equinoccio y desaparece tres noches después. Se
traza una equivalencia entre el dolor
que siente Modron y el de la diosa
griega Deméter, que sufre un acontecimiento similar ante la desaparición de su
hija Kore, que había ido a recoger flores y nunca regresó.
Los lamentos y gemidos de Deméter se escuchan durante
días en toda la extensión del universo. Condolido, Helios, el sol, quien todo lo
ve, le anuncia que Hades, señor de la noche, raptó a Kore y se la llevó al
mundo subterráneo de los muertos para hacerla su reina. Desde aquí Kore ya no
es la jovencita que conocimos y será
conocida como Perséfone.
Demeter, la diosa de las cosechas, monta en cólera ante
esta afrenta y su venganza es detener la fertilidad de la tierra, los campos se
secan, la vida se agota y el verde se convierte en ocre. Lleno de desesperación
ante el avance de la muerte, Zeus
propone un acuerdo entre Deméter y Hades en el cual Perséfone pasará la
mitad del año sobre la tierra con su madre y la otra mitad como reina d las
tinieblas junto a su esposo – lo que significa el origen de las estaciones.
Cuando Perséfone está con Hades, la tierra palidece por la tristeza de Deméter,
que se expresa en el invierno. Cuando Perséfone regresa a la tierra para
alegría de su madre, la vida renace y la tierra se llena de abundancia y de luz.
Mabon es también el comienzo del otoño y marca el momento
en que Perséfone vuelve a descender al mundo inferior. El comienzo del otoño marcaba
la celebración de los Misterios Eleusinos Mayores.
De acuerdo con la tradición celta, Mabon es el momento en
que el Dios de la abundancia se está preparando para morir en Samhain, y
regresar al vientre de la Diosa, para luego renacer en Yule.
Este es el
gran viaje de la renovación y el renacimiento.
Es el equinoccio de
otoño, es la terminación de las cosechas iniciadas en Lughnasadh, otra vez, luz
y oscuridad se encuentran en punto equidistantes de la rueda de la fortuna.
La naturaleza disminuye su generosidad, y se prepara para
el invierno y su tiempo de descanso.
Los árboles dejan secar a sus hojas
y nos invitan a soltar lo viejo y con el
fin del ciclo, concentrarnos en la vejez y la muerte.
Hay que recordar que
para renacer hay que morir, esto es, dejar caer las hojas que ya cumplieron su
ciclo, recogernos a descansar en la tregua, a meditar en el recomienzo de la
vida.
El
ritual
Primero nos prepararemos para el ritual de Mabon dando
una caminata por el bosque a primera hora de la mañana. Llevaremos una cesta
en
la que recogeremos las hojas doradas que los árboles hayan soltado. Algunos
frutos secos de los pinos y leña también resultarán de utilidad. Ya se regreso,
prepararemos una fogata alrededor de la cual caminaremos lanzando al fuego el
contenido de la canasta y repitiendo mientras hacemos esto:
La Diosa
tira su manto de tierra a su alrededor,
Mientras
tú, gran Dios del sol navegas hacia el Oeste,
a las tierras de descanso
eterno
envuelto en la frescura de la noche.
Las
frutas maduran, las semillas caen,
Las horas del día y la noche están
equilibradas.
Vientos
fríos soplan desde el Norte gimiente.
En esta
aparente extinción del poder de la naturaleza,
Bendita
Diosa, sé que la vida continúa.
Porque
la primera es imposible sin la segunda cosecha,
Al igual
que la vida es imposible sin la muerte.
Bendiciones
sobre ti, Dios caído mientras viajas
A las
tierras del invierno y a los amorosos brazos de la Diosa.
Se regresa al altar donde se deja la cesta, levantando
los brazos diremos:
Bendita
diosa de toda fertilidad,
He sembrado y cosechado los frutos de mis
acciones, buenas y malas.
Dame el valor para sembrar semillas de alegría
y amor
En el año venidero, desterrando la miseria y el
odio.
Enséñame los secretos de la existencia sabia sobre este
planeta
¡oh luminosa de la noche!
Nos sentaremos a meditar sobre el envejecimiento y la
muerte, necesarios para el renacimiento.
Luego de esto se procede con la comida y bebida. Recordemos
que es un acto simbólico de gratitud por el sustento recibido. Habrá música y
baile, es una celebración. Debemos agradecer con buen ánimo y pedir que esta
abundancia llegue a los que nada tienen.
Una vez terminada la comida y daremos gracias por la
ocasión celebrada.
Inciensos: ciprés, sándalo, pino,
enebro.
Colores: los del otoño, café, verde, anaranjado, rojo,
dorado, marrón, amarillo
Bebidas: Vino tinto.
Hierbas: Avellana, maíz, álamo, bellotas, ramas de roble,
hojas de otoño, tallos de trigo, conos de ciprés, piñones, espigas de cosecha,
hojas de lavanda.
Comida: el producto de la cosecha, granos, frutas y
verduras, especialmente maíz, pan de maíz, tortas de frutas, tés, sopas de
vegetales.
Tradiciones: recolectar plantas y vainas secas que pueden
ser utilizadas en rituales o para hacer cocimientos y tés con hierbas. Una
actividad tradicional de esta época es la confección de las muñequitas de maíz
y bolsas de hierbas secas perfumadas.
Estas luego se ofrecen como regalo.
9.04.2017
Las Nubes
Nos acostamos de espaldas en el piso de cemento. Era
una tarde de verano, casi inmóvil, no se escuchaba un solo rumor. Las hojas de
los árboles se batían suavemente, en armonía perfecta.
Durante horas estuvimos viendo el cielo altísimo y
las nubes que corrían una tras otra con la brisa leve.
Pensé otra vez que el cielo era el océano, y las
nubes, las olas que se repetían idénticas una tras la otra, como el tiempo que
no importa si existe o es una invención.
El vértigo me atrapó y lo recibí con gozo. Era
agradable sentirse caer hacia arriba, hacia lo insondable. Estaba por fin en
esa playa serena, donde nada ocurría. No podía haber nada mejor o peor, sólo
estar en ese lugar, caminando en la arena, hundiendo apenas los pies en la
orilla húmeda, dibujando mis huellas.
De vez en cuando una sirena me llamaba desde lo
lejos y yo le respondía, alegre como una niña pequeña.
6.12.2017
Los tesoros
Ya para qué. Así llaves, billetes de otros países, hasta un magnífico chandal que nunca estrenaste. Quién sabe dónde estarías ahora si hubieses cambiado un ápice algunas de las cosas que hiciste, que soñaste, que deseaste hacer y dejaste que pasara el momento. En un tiempo sí, tenías que salir de tu casa a como diera lugar y caminar por cualquier parte, buscando nunca supiste qué. Y cómo te ayudó Dios. Nunca tuviste una experiencia mala, y si la tuviste ya no lo recuerdas, lo que es igual.
Ahora andas igualmente tanteando como una ciega. Te metes por calles desconocidas, que pronto adquieren un color, un aroma, algo que está justo detrás de ti y percibes como remoto, en algún lugar del pasado estuviste ciertamente en esta acera, sobre estos adoquines, tal vez eras muy niña, siempre con ganas de encontrar esa cosa que nunca supiste qué era, lo que sí sabías es que era magnífica, única, sólo para ti. Si acaso era pequeña la meterías en un bolsillo sin que nadie lo notase, y al llegar a tu casa, o por lo menos debajo de unas tablas, bajo techo, la sacarías del bolsillo para revisar su brillo, su textura, su color. Seguramente era algo perdurable. Y si era algo muy grande, lo arrastrarías haciéndote la distraída, hasta algún escondite seguro. Luego, de noche, a lo mejor en sueños, volverías a detallar su perfil, sus valores únicos, y volverías a taparlo de la vista de otros, no sea que te lo roben. Algo realmente valioso.
Por qué no compartirlo? Que es solo para ti? Bueno, si es tuyo puedes decidir que otros también se beneficien de su valor. Unos minutos regalados de sonrisa y gusto valen la pena, ver una cara, mejor si es querida, iluminada por los rayos preciosos de algo secreto, tal vez eso sea más valioso que cualquier cosa que esté bajo tierra.
Los tesoros. Esos eran materia de guardar cuando no habías aprendido, luego quisiste que todos tuvieran una parte, porque cuanto más dabas, más grande era lo que te llegaba, no lo hacías por avaricia, es decir, no es la avaricia de antes, la de las cosas, es la avaricia de los sentidos, de los recuerdos, de soñar, de imaginar cosas, pensar en cosas mientras vas caminando por esa calle ciega, que a alguna parte tendrá que ir.
2.18.2017
Acá estoy
Acá estoy, trasnochada pero sin poder dormir. Como me he tomado dos millones de tazas de café en estos días, creo que la cafeína es acumulativa y por más que me acuesto y apago la luz no logro dormirme. Terminé el libro esta tarde. Un coñazo. Mañana iremos a la imprenta a llevarlo. Como siempre, estoy aterrada. Desde que era una niña esta sensación no me abandona y es en todos los ámbitos. Siempre estoy esperando que se descubra que no soy lo que los demás creen.
Que si sacaste ese libro en tiempo récord, bah si, pero no creas, no fue tanto. Que si te quedó muy bien este postre. No, no, la receta original tiene más canela. Que qué bien que bajaste dos kilos. Pero todavía me faltan otros.
Te ves bien. ¿Desde cuando no te revisas los lentes?
Y así infinitamente. De modo que mañana llevaremos este libro, pero seguro cuando lo editen caerán miles de demandas porque el libro es una porquería. Divorcio y pérdida de la custodia de las niñas. Nadie me acepta en su casa porque les doy vergüenza. Estoy rodando tierra y sin casa.
Por fin alguien buena gente me acepta de empleada en una charcutería. Haciendo sandwiches pero duro solo una semana porque no soy lo suficientemente rápida.
Toda esta lista de temores sé que es compartida por mucha gente, claro, no exactamente así, pero es por el estilo de cosas. Es divertido. Me divierto creando situaciones extremas, todo me da miedo, todo es una preocupación.... ya, ya... acude a mi la voz suave de mi abuelo que está tan remoto en la distancia. Eso sí. Creo que el tiempo se va llevando lejos, muy lejos las cosas que alguna vez estuvieron tan cerca. Mi remoto abuelo era maquinista, que es decir, chofer de locomotora. Un gran oficio. Era un hombre calmado, sabio. No se preocupaba nunca por nada. Usaba un traje y un sombrero gris. Cuando lo conocí ya estaba jubilado. Se sentaba a tocar la guitarra en una salita preciosa que tenía en su casa. La casa de mi abuela, volveré a hablar de eso en otra parte. Mi abuelo se recogía los pantalones al sentarse, para que no se le marcaran las rodillas. Cuando uno se preocupaba por algo decía que había muy poco de qué preocuparse realmente. Una cosa a la vez, como los borrachos. Bueno, esto no lo decía mi abuelo, lo digo yo, pero igual es la verdad.
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